La charrería en el Quelite, más que un deporte de exhibición forma parte de un estilo de vida de hombres valientes y atrevidos que se montan en sus caballos para sentir el placer de dominar al animal y hacer gala de su pericia y destreza en un oficio que aquí aprenden tan pronto empiezan a caminar.
Los quelitenses practican regularmente este deporte nacional, por tanto no es raro que al caminar por las empedradas calles del pueblo, se encuentre a un jinete ataviado con el característico traje con abotonaduras de hueso como si se tratara de una escena de la época de oro del cine nacional.
Alrededor del poblado existen ranchos ganaderos donde sus propietarios acostumbran a herrar reces, amanzar animales o a jinetear caballos con la ayuda e los vaqueros, que son por tradición la figura más emblemática y rústica de lo que es la charrería hoy. Y son estos corrales el espacio donde se aprenden las primeras lecciones de como enfrentar al animal y dominarlo.
Los vaqueros, ancestralmente han sido los depositarios de esta tradición de la charrería. En estos personajes del diario jornal se han moldeado las manos que sujetan la cuerda y hacen malabares para lazar al torete, zinchar al potrillo y en un espectáculo más refinado, abrirse con garbo en el lienzo para hacer gala del dominio en un oficio que a pueblos como El Quelite le han dado fama y e identidad.
Cuando el pueblo se prepara para recibir a sus visitantes, el charro es el gran protagonista de esta faena de arte y tradición que transporta al espectador a vivir ese mundo tosco de los arrieros, los caporales y los vaqueros que a lomo de bestias se aferran a darle sentido a una costumbre diaria muy común en los pueblos con identidad rural.
Y es que en este juego aparente de fuerza el jinete o el charro apuestan frente al dominio del animal valores que tienen que ver con su honor, su estatus y el prestigio heredado de la charrería.
Orgulloso del traje y de sus costumbres, el charro laza, colea y realiza toda una serie de suertes que no son un invento, sino la reafirmación de su poder y habilidad para domesticar al brioso animal.
La charrería forma parte del colorido de El Quelite donde las arraigadas costumbres se cumplen al pie de la letra, como si fueran un mandato divino. Por eso, la maestría, el valor y el conocimiento están presentes en cada suerte ejecutada, en la cala de caballo, piales en el lienzo, coleadero, jineteo de toros, terna en el ruedo, jineteo de yeguas, manganas a pie y a caballo y hasta en el temible paso de la muerte.
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